Retrato de un artista y relato de una colaboración
¿Podrías hablarnos de tu trayectoria y de lo que te llevó a trabajar con madera carbonizada?
Me llamo Anousté, ese es mi nombre artístico. Soy artista plástico, principalmente escultor, desde hace seis o siete años. Hace ya unos años pasé de ser diseñador gráfico a dedicarme al arte. Cuando empecé a dejar mi trabajo de diseñador gráfico, me orienté hacia la creación de muebles de madera para decoración. Y luego, poco a poco, al trabajar la madera, me entraron ganas de profundizar más en la textura.
Entonces se me ocurrió la idea de quemarla, sencillamente, para ver qué tal quedaba, al principio en superficies pequeñas. Y luego, una cosa llevó a la otra, y se fue convirtiendo en algo cada vez más importante. Había todo un mundo por descubrir, y me apetecía profundizar en esta técnica que permite descubrir muchas cosas en la materia.
¿De dónde viene tu nombre artístico, Anousté?
Anousté. Es un nombre gascón que significa «el que viene de aquí». Para mí, tiene mucho sentido porque solo utilizo maderas procedentes de los alrededores de mi casa. No voy a ir a buscar maderas exóticas, ni a hacerlas cruzar el océano en barco, ni mucho menos. Son maderas de aquí, «nuestras»: «Anousté».
¿Cómo describirías tu universo artístico en pocas palabras?
Mi universo artístico se podría describir como un trabajo centrado en la materia, en un arte bastante bruto, minimalista y depurado. También me gusta, en una parte de mi obra, dar un nuevo uso a los objetos y orientarme hacia algo más analítico o contemporáneo. Pero la base de mi trabajo es, sin duda, el arte bruto.
Has hablado de la transformación de la materia. ¿Podrías contarnos un poco cómo se transforma esa materia bajo tus dedos?
Utilizo una herramienta principal, que es la llama. Es realmente la herramienta de la transformación, la que me permite transformar la materia, hacerla pasar de un estado a otro. Y es todo ese proceso lo que me interesa. Lo que me gusta es partir de un simple trozo de madera, de una rama, de una bandeja… Da igual la forma o la especie, cada pieza tiene su carácter y su potencial. Y en el momento en que se aplica el fuego, se descubre algo diferente. Otra realidad, que sigue formando parte de la naturaleza, pero que ha sido transformada por el fuego. Y este abre un sinfín de horizontes diferentes en la materia.

Tras la colaboración con Atelier Materi, ¿qué relación tienes con el perfume? ¿Hay algún aroma que te influya en tu trabajo?
Lo que me interesó de nuestra colaboración fue, precisamente, la relación con el olor. Para mí, es un elemento que, si no es fundamental, sí que es, en cualquier caso, omnipresente. Cada vez que trabajo, ya sea antes de quemarlo o simplemente al trabajar la madera según las distintas esencias, se desprenden olores muy diferentes y bastante intensos.
Y, evidentemente, cuando la quemo, ocurre algo más. Está el tueste, está el fuego, y en ese momento el material libera una multitud de aromas muy diferentes, e incluso después, con el humo. De hecho, los olores están presentes a mi alrededor, todo el tiempo. E incluso cuando voy a buscar la madera al bosque o a un aserradero, también hay una auténtica mezcla de aromas. No está directamente relacionado con el acto de trabajar, pero forma claramente parte de mi entorno.
¿Cómo recibiste esta propuesta de colaboración en torno a Vanille Carbone? ¿Qué es lo que te gustó de esta colaboración?
La palabra «Carbone» me llamó la atención de inmediato: el negro, esa materia prima que transforma los elementos. Lo que me interesó fue precisamente establecer un paralelismo entre mi trabajo y el de otros artistas, perfumistas que se dedican a la creación. Es un diálogo entre dos creadores, cara a cara, con la materia como eje central. Vosotros creáis perfumes con ella. Yo, obras de arte. Y quizá sea el carbono lo que nos ha unido.

Atelier Materi tiene su origen en Bretaña y también se inspira en la fuerza de la naturaleza. Tu taller está rodeado de naturaleza. ¿Qué lugar ocupa la naturaleza en tu trabajo y en tu inspiración?
La naturaleza ocupa un lugar realmente preponderante para mí. Considero que mi trabajo artístico es una labor de revelación, una forma de mostrar cómo puede ser la naturaleza cuando está en transformación. Nunca está inmóvil, siempre está en movimiento. Y eso también es una lección de vida que hay que aprender: no hay nada permanente, todo está en movimiento.
¿Podrías hablarnos del proceso de creación de la escultura realizada para Atelier Materi? ¿Por dónde empezaste?
Para la escultura de Atelier Materi, trabajé un trozo de cedro. Elegí esta madera en concreto porque me encanta su aroma. Ya ves, volvemos a lo mismo. La trabajé como un conjunto de monolitos, con un estilo muy depurado, realmente muy bruto, para que solo se expresara la materia.
Esculpí estos trozos de cedro en tres alturas diferentes. Después los he quemado para darles mucha rugosidad y relieve. Una vez que se unifiquen con aceite, que se secará sobre la superficie del carbón, obtendremos todas esas zonas de luz y vibraciones. Estas harán eco del trabajo con la materia, de los contrastes entre lo mate y lo brillante que se expresan en «Vanille Carbone».
¿Les pones nombres a tus obras?
Me gusta darles un nombre a mis obras porque viene a completar la historia que cuento. También puede ofrecer algunas claves, más o menos precisas, pero siempre espero a terminar el trabajo para darles un nombre. Es como si eso fijara la obra un poco màs en la realidad.
